Manuel Marulanda (tiro fijo) partió al más allá posiblemente sin arrepentirse de sus pecados; pero no estamos escribiendo para condenarlo ni para descargarlo.
Lo cierto es que murió desfasado, empuñando un fusil, en aras de tomar un poder que se ha llevado por delante a todo el que se le atravesó.
En su contra parte, otros grupos guerrilleros, se le fueron al frente, reconocieron que el sistema de lucha debía adecuarse a los tiempos, y dejaron modelos arcaicos y desgastantes y han llegado al poder y han hecho las reformas que el pueblo necesita.
Hay muchos “tiro fijo”. Los hay en la política, en la sociedad, en la enseñanza, en la religión y por doquier.
Los “tiro fijo”, no dan su brazo a torcer. No han aprendido que los brazos fueron creados de tal forma que tengan suficiente flexibilidad, para ayudar al cuerpo a ejercer sus funciones en su beneficio.
Los “tiro fijo”, son implacables. Se cuenta de un niño que en las ancas de la muerte le pedía ver a su papá y murió sin ver a su progenitor.
Los “tiro fijo”, son crueles sembrando muerte y terror a diestra y siniestra, sepultando en vida y sobre sus pies a miles de rehenes.
Lo más absurdo que patrocinaba “tiro fijo”, fue la permanencia de rehenes, a los cuales ni se les juzga y no se los intercambia por nada.
Pero, a todos los “tiro fijo” se le llegará el tiempo de morir y presentarse en juicio ante Dios.
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